EFC: Fuera del cuerpo

 

Vivimos en un momento en el que parece que las experiencias espirituales se han puesto de moda.

Esto no tendría mayor alcance, sobretodo teniendo en cuenta la reciente crisis material -a la existencial estamos bastante acostumbrados- si no fuese porque parece ser que los últimos abanderados por la causa son personajes doctos: médicos, psiquiatras, neurocirujanos… ¡Felicidades por salir del armario! Y tenéis suerte: manejáis las drogas. Deseo que la pupa producida por vuestros colegas cientificistas, los inquisidores de la modernidad, os sea soportable.

De verdad que me alegro de corazón por el valor demostrado.

La televisión, la radio y revistas del medio, se han empeñado en que adoptemos la línea americana de llamar a todo por sus siglas. Así, resulta ya bastante familiar el oír comentarios sobre el programa que trataba las ECM. Para los que no estéis al día: Experiencias Cercanas a la Muerte.

Desde los inicios de la humanidad, y teniendo clara la profesión más antigua, sólo quedaba preguntarse si en el otro lado también habría que trabajar… Está claro que morimos, pero ¿cuántas veces? ¿Realmente existe ese otro lado? ¿Existe un cielo o nirvana? ¿Y es morirse la única forma de descubrirlo? Porque lo bueno sería volver para contarlo. Y eso es lo que sucede con las ECM: personas muertas clínicamente por un periodo corto de tiempo son reanimadas y recuerdan su experiencia en ese otro estado del ser. Perfecto. Ahora el tema es que yo también quiero ir de visita, por supuesto no quedarme, y regresar para contar mi batallita. Pero confieso que la idea de provocarme un paro cardiaco o cualquier otra movida de ese estilo, a parte del cague que me da, no me lo ha recomendado mi médico ¡Y yo a las personas doctas les hago algo de caso! 

Pero quizás no esté todo perdido: Robert A. Monroe tuvo una experiencia que cambiaría su vida y la de muchos. Siendo empresario de radio y TV, empezó en su compañía una investigación relacionada con los problemas de sueño, el aprendizaje acelerado y los diferentes patrones de onda cerebrales. Esta investigación utilizaba como herramienta las frecuencias de sonido y el mismo Robert se ofreció como conejillo de indias. Durante un año estuvo experimentando y adquiriendo experiencias en esos estados alterados de consciencia. 

El tema es que como resultado de tales experimentos empezó a tener salidas del cuerpo -EFC-. En un inicio, la señal de que tal fenómeno iba a suceder era una especie de vibración interna; como si el cuerpo se agitase pero sin ningún síntoma visible desde el exterior. El método utilizado para producir este estado en nuestro taller “Excursión” - así se llama el taller oficial de The Monroe Institute-, a parte de las frecuencias de sonido, es el ejercicio que denominamos: Globo de Energía Resonante. Bien, Robert tuvo estos fenómenos de vibración, incluso sin tener los auriculares puestos, y la experiencia de una especie de catalepsia posterior a ésta, durante la friolera de dos años. Una noche de 1958 y tras una larga espera para que esas vibraciones cesasen y así poder dormir, en vez de contar ovejitas, a Robert le dio por imaginarse lo maravilloso que sería volar al día siguiente en un vuelo sin motor, por la información que el hombre del tiempo había dado. ¡Pues no le hizo falta avión! Sintió una especie de golpe, pensó que se había caído de la cama, y al intentar reorientarse palpando el supuesto suelo, se dirigió hacia algo que vislumbraba y que resultó ser la lámpara del techo…

Miró hacia abajo y vio que en su cama estaba su mujer y un individuo al lado de ésta. Con una sonrisa malévola comprendió que estaba soñando y tuvo un especial morbo por descubrir con quién le ponía su mujer los cuernos. Claro que, al descubrir que era él mismo, se le pasó el morbo de golpe y entró en shock. ¿Y si se había muerto? Ante el susto volvió a sentir una sacudida y se encontró de nuevo en su cuerpo. 

Él no era una persona especialmente religiosa y no había oído hablar de viajes fuera del cuerpo. Su mente lógica interpretó que tenía que ir al médico para descartar cualquier anomalía; física o psíquica. Sus estudios médicos fueron óptimos y tras perder el miedo a morir, dejó que el fenómeno se repitiese y se convirtió en un investigador del astral. Como no había mucha información sobre el tema en aquel tiempo, creó un equipo de investigación, el cual, tras pasar por diferentes audiciones de frecuencias y sentir vibraciones varias, empezó a experimentar ese mismo fenómeno. Habían nacido los… ¡Exploradores del Astral! Ya sé que suena mejor “The Ghostsbusters”, pero ese tema mejor lo trataremos en otro artículo. 

Somos individuos acostumbrados al tiempo lineal y al espacio en 3D. Pero si una vez en la calle  nos preguntamos si al salir de casa hemos apagado la luz, de alguna manera, con nuestra mente nos “desfasamos” del aquí y ahora e incurrimos en otro espacio-tiempo. Esta alteración espacio-temporal, de forma más acentuada, nos ocurre durante el sueño y también puede ser provocada durante los estados de meditación profunda. Un shock por accidente puede producir también este fenómeno, o la ingesta de drogas alucinógenas; la pega es que en estos casos mencionados carecemos de control, a excepción de la meditación, o en el caso de que dominemos los sueños lúcidos. 

Ya Robert Monroe dilucidó que la consciencia no era algo supeditado al cuerpo ni la consecuencia del cerebro. Mas bien era ésta quien usaba el cuerpo y el cerebro para poder experimentarse en este plano. Y si eso es así, entonces ¿a dónde pertenece la consciencia? ¿Quiénes somos?¿Qué somos?¿Cuál es nuestro verdadero hogar? 

Quizás ha llegado el momento de que comprendamos que somos seres espirituales; consciencias superiores que usamos de un cuerpo y que la finalidad de nuestra vida física no es consumir ni ser más que el otro, ni vivir a su costa, sino comprender que somos compañeros de viaje y que el regreso, es un regreso al hogar de todos. Y bajo un mismo hogar quien vive es una familia. 

Gracias a la tecnología Hemi-Sync, al taller “Excursión” y a otros talleres como “Liberando el Corazón” y los basados en la tecnología de Synchro-Brain, podemos experimentar que “Somos mucho más que un cuerpo físico“; y si esto es así, el miedo a la muerte, el miedo a la carencia, pierde todo su poder. 

Daniel Chumillas

 Publicado en Revista UH #72

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